El camino hacia la educación inclusiva es uno de los
retos que afrontan actualmente los sistemas educativos de gran parte del mundo.
En este
trabajo, además de ofrecer una revisión sobre dos conceptos que, en ocasiones
se confunden y se asimilan el uno con el otro (integración e inclusión) se
lleva a cabo un análisis de contenido sobre algunas de las opiniones que
muestra el profesorado y los profesionales de la orientación sobre ambos términos.
En primer lugar, el artículo parte de una
conceptualización para conseguir que el lector tenga claro los conceptos de
integración e inclusión.
Para hablar del concepto de integración, el artículo
se remonta a la década de los 60, periodo en el que se facilitó la paulatina
concienciación de la sociedad acerca de la marginación que soportaban las
personas que sufrían algún tipo de discapacidad.
Además, para
describir este término, se dan distintos puntos de vista de varios autores.
Muñoz, Rué y Gómez (1993) consideran que la integración se corresponde con una
visión asimilacionista que concibe al alumnado “diverso” como especialmente
problemático. Este reduccionismo interpretativo del alumnado “diverso” conlleva
una atención a la diversidad centrada en la provisión de apoyos y ayudas especiales
para determinados alumnos que no permite avanzar hacia una educación respetuosa
con la diversidad de todos los estudiantes.
Arnaiz (1996,2003) se muestra partidaria de un
abandono progresivo del concepto de integración para ir hablando de inclusión,
puesto que el término integración tiene la meta de integrar en la vida escolar
y comunitaria a alguien que está siendo excluido, siempre centrándose en
alumnado con algún tipo de discapacidad.
García Pastor (1997) también considera que es hora
de dejar de hablar de integración, una trampa que perpetúa la segregación
disfrazada, para hablar simplemente de educación.
El término de inclusión sin embargo, va más allá y
se refiere a que todos los niños y niñas necesitan estar incluidos y
participando en la vida educativa y social de las escuelas y en la sociedad en
general. La atención en las escuelas inclusivas se centra en cómo construir un
sistema que incluya y esté estructurado para hacer frente a las necesidades de
cada uno de los/as alumnos/as.
La educación inclusiva se aborda a través de varias
dimensiones o perspectivas. Echeíta (2006) nos habla de tres perspectivas:
-
La educación inclusiva como educación
para todos/as: Todos/as los/as niños/as deberán ser tratados con respeto y se
deberá asegurar la igualdad de oportunidades para poder aprender de forma
conjunta. La educación inclusiva es una cuestión de derechos humanos y no se
puede segregar a ninguna persona como consecuencia de su discapacidad o
dificultad de aprendizaje, género o pertenencia a una minoría étnica.
-
La educación inclusiva como valor: El
ideal de la educación inclusiva desde esta perspectiva sería el de un sistema
en el que todos sus miembros, tanto los alumnos como adultos, se sintieran
acogidos o miembros de pleno derecho, donde nadie, por aprender de una forma
distinta o porque tuviera características singulares, se situara por encima o
por debajo de los demás y donde todos estuvieran llamados a aprender lo máximo
posible en relación a sus intereses, capacidades y motivaciones.
-
La educación inclusiva como
participación: La inclusión sería el proceso de aumentar la participación de
los alumnos en el currículum, en las comunidades escolares y en la cultura, a
la vez que se reduce su exclusión en los mismos.
El artículo también nos habla de un estudio que se
hizo a varios profesionales de la educación para saber que concepto tenían
sobre la integración y la inclusión. La información fue recogida mediante
entrevista individual y la pregunta clave que se formuló en relación a este
tema fue que cómo definirían los conceptos de integración e inclusión.
La muestra estuvo constituida por un total de 12
informantes. Se contó con 6 psicopedagogos/as, 3 profesores/as de pedagogía
terapéutica y compensatoria y 3 profesores de secundaria.
El análisis de las diferentes respuestas nos muestra
tres aspectos fundamentales: en primer lugar el 16,6% indica que la inclusión y
la integración son el mismo concepto; el 33.3% hablan de integración cuando
realmente quieren referirse a inclusión, y hablan de inclusión, cuando
realmente hacen referencia a la integración; el 8.3% define correctamente la
integración pero no la inclusión; por último, el 41.6% sabe diferenciar
claramente entre ambos conceptos.
De estos resultados, se pueden extraer concepciones
sobre la inclusión que van muy ligadas o se centran en:
-
El emplazamiento de los alumnos en el
contexto ordinario, que era también uno de los principios de la integración,
como hemos visto más arriba.
-
La participación del alumnado en las
culturas, currículo y comunidades.
-
La concepción de la diversidad más allá
de las referencias a necesidades especiales o discapacidades.
Como conclusión tras la lectura de este artículo,
pienso que día a días los centros tienen más en cuenta estos dos conceptos
fundamentales. Además, gracias a la lectura del artículo se puede realizar una
aproximación al concepto de inclusión, base fundamental para emprender acciones
que hagan realidad una filosofía que resume muy bien uno de los docentes que
formó parte de las entrevistas: “Todos
juntos, todos iguales, todos diferentes”.
Moliner Miravet L. Moliner García O. Inclusión e Integración: ¿Qué opinión tienen los profesionales de la educación sobre ambos conceptos?. Departament d' Educació. Universitat Jaume I
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